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El regalo mas guarro

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Desde que publiqué mi primer relato muchas cosas divertidas han sucedido en mi vida. He conocido a muchos hombres y algunas chicas que me envían mails para intercambiar conmigo sus fantasías sexuales o para enviarme sus fotos. Ha sido muy emocionante para mí estar en una reunión de trabajo y al notar en mi móvil una notificación de mensaje, darme cuenta que es algun mail de uno de mis lectores enviandome fotos guarras. El otro día abrí un mail sin percatarme que tenía al lado a un compañero de trabajo. Resultó que era un chico que me estaba enviando una fotografía de su enorme polla chorreada de semen. Por supuesto que mi compañero alcanzó a ver la imagen, pero se hizo el desentendido. Yo me quedé petrificada de la vergüenza y más ahora que cada vez que me lo cruzo me mira con picardía. También me han escrito muchos lectores para pedirme que les venda mis bragas sucias. Supongo que la idea les surgió del relato sobre las bragas de mi amiga Esther. En un principio estaba reac...

La iniciación de Ester

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— Le dijo que era una guarra pecadora y que si seguía haciendo esas cosas iba a arder en el infierno—, comentó Ester evidentemente afectada. Yo no me sorprendí. Aun cuando ya estamos en pleno siglo XXI y cada quien es libre de ser y hacer lo que le dé la gana, resulta que aún hay muchos idiotas que se quedaron en la época de la Inquisición. ―    ¿Pero por qué tanto alboroto? ¿Qué fue lo que sucedió? — respondí mientras daba una calada al cigarrillo. ―    Bueno, resulta que, no se sabe cómo, pero se filtraron unas fotos de ella teniendo sexo con su novio y las fotos se hicieron virales entre los chavales de su colegio; tanto así que terminó llegando hasta el director; y este hombre es uno de esos curas retrógrados, casi que del Opus Dei. ―    ¡Madre mía!, ¡nada más y nada menos! —respondí muerta de la risa—; no te preocupes, hoy día, con la sensacionalismo de las redes, todo se olvida en un dos por tres. ¿Y qué tan obscenas eran las fotos? —...

El fetiche de una bragas olorosas

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¿Sabéis lo que es un fetiche? Podéis investigar lo que queráis, pero si no tienes un fetiche muy difícilmente podrás entender su magia, su hechizo, la secreta fascinación que nos produce, el incesante estímulo que representa, la agonizante sumisión que nos supone y el obsesivo placer que nos promete. No sé por qué pero yo soy una mujer con muchos fetiches y esto es algo que me hace diferente a la mayoría; así que no sé si es una suerte o es una condena. Supongo que tendréis que juzgar vosotros. Quienes conocen el clima de Sevilla saben que la primavera es una estación que apenas se siente. Es como una epifanía climática. No hemos terminado de salir de mayo cuando ya la temperatura remonta los 35 grados centígrados y, aunque calor comienza a sofocar lo cotidiano, con su arribo llega también un ánimo lujurioso, una disposición especial a la pasión y al erotismo. En esas estaba yo el viernes pasado, sofocada y sudorosa, soportando apenas el sopor de la tarde en mi cubículo de l...