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Mostrando las entradas etiquetadas como perversión

Mi primera culiada

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Muchos de mis lectores me preguntan por qué siempre hago mención al sexo anal en mis relatos. Muchos me han catalogado de fetichista y no es que el término me moleste; sino que pienso que encasilla mi perfil sexual de una manera muy limitada. Yo no soy fetichista del sexo anal, de hecho, emplear el término para ese gusto particular no sería del todo preciso. Pero más allá de la precisión del término está el hecho de que el sexo, en general, es para mí un terreno inmenso, una gran superficie que adoro explorar, sin tener predilección por una ruta en particular. Pero, debo aclarar, que si es cierto que conservo una inclinación más acentuada por el sexo anal ya que este me lleva a los orígenes de mi erotismo y mi sexualidad. Como ya todos saben, mi vida sexual comenzó con la exploraciones de mi tío Alejandro. Poco a poco lo que comenzó por un juego de olerme los pies, terminó por ser una exploración sexual a profundidad y mi tío se dio a la tarea de descubrirme palmo a palmo, como un ...

La iniciación de Ester

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— Le dijo que era una guarra pecadora y que si seguía haciendo esas cosas iba a arder en el infierno—, comentó Ester evidentemente afectada. Yo no me sorprendí. Aun cuando ya estamos en pleno siglo XXI y cada quien es libre de ser y hacer lo que le dé la gana, resulta que aún hay muchos idiotas que se quedaron en la época de la Inquisición. ―    ¿Pero por qué tanto alboroto? ¿Qué fue lo que sucedió? — respondí mientras daba una calada al cigarrillo. ―    Bueno, resulta que, no se sabe cómo, pero se filtraron unas fotos de ella teniendo sexo con su novio y las fotos se hicieron virales entre los chavales de su colegio; tanto así que terminó llegando hasta el director; y este hombre es uno de esos curas retrógrados, casi que del Opus Dei. ―    ¡Madre mía!, ¡nada más y nada menos! —respondí muerta de la risa—; no te preocupes, hoy día, con la sensacionalismo de las redes, todo se olvida en un dos por tres. ¿Y qué tan obscenas eran las fotos? —...

El fetiche de una bragas olorosas

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¿Sabéis lo que es un fetiche? Podéis investigar lo que queráis, pero si no tienes un fetiche muy difícilmente podrás entender su magia, su hechizo, la secreta fascinación que nos produce, el incesante estímulo que representa, la agonizante sumisión que nos supone y el obsesivo placer que nos promete. No sé por qué pero yo soy una mujer con muchos fetiches y esto es algo que me hace diferente a la mayoría; así que no sé si es una suerte o es una condena. Supongo que tendréis que juzgar vosotros. Quienes conocen el clima de Sevilla saben que la primavera es una estación que apenas se siente. Es como una epifanía climática. No hemos terminado de salir de mayo cuando ya la temperatura remonta los 35 grados centígrados y, aunque calor comienza a sofocar lo cotidiano, con su arribo llega también un ánimo lujurioso, una disposición especial a la pasión y al erotismo. En esas estaba yo el viernes pasado, sofocada y sudorosa, soportando apenas el sopor de la tarde en mi cubículo de l...